Mostrando entradas con la etiqueta Microrrelato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Microrrelato. Mostrar todas las entradas

25.11.16

Dory

I've walked the streets or at least I've walked.

The girl, the woman, all yelling from the end of the bar. Her gaze lost in the gay noise. There's Mike serving drinks with glasses that trick or treat. There's a friendly crowd waiting for the stranger, waiting for me. There´s me.

Where am I? What is this place? ... I like your cardigan.

Now I'm here. At the end of the night I´ll ask: Can I please get a glass of water? Is there a taxi stop near by?







8.8.16

06: Estrecho


06: En algún momento del verano del 2007, justo antes de que Jorge cumpliera los 37 años, me acuerdo que me dijo que el mundo se había convertido para él en un ámbito excesivamente estrecho. "No salgo de aquí. Reduje mis dominios a este espacio" - decía mientras abría los brazos sentado en el cuarto que daba a la autopista. Me sorprendía la seguridad con la que me hablaba, con una voz grave que retumbaba en ese espacio semi vacío. Yo entonces tenía 27 años, exactamente diez menos que él, y pensaba que esa separación de edad, tan redonda, era más bien un vínculo entre los dos. Pero aquel verano antes de que él cumpliera los 37 comencé a sentir todo lo contrario. Aquel tipo, que durante tantos tiempo había sido algo familiar, alguien similar, ahora era muy distinto a mí. Tal vez ese sería nuestro nuevo vínculo, pensaba mientras volvía a mi departamento. "De vez en cuando miro por la ventana. ¿Qué veo? Árboles. Veo árboles" me dijo mientras me reía de él. 



6.8.16

05: Ruido

05: Ya no hay nadie que hable bien de esta ciudad. Se ha vuelto casi imposible que una conversación no gire en torno a un descontento. Pero no es por esto de los quejidos que yo ya no vivo acá desde hace años, tal vez sí el motivo por el que hoy me preguntaba si de vivir acá sería parte de ese ruido quejoso del cual lo único que sale es siempre el mismo barro crudo en el que ningún sonido se anuncia. ¿Estaría aturdiendo -y aturdiéndome- si viviese entre estas cuatro paredes que no llegan a tocarse?, no lo podré saber nunca. 
Creo que sólo Hernán mantiene un entusiasmo cuando habla de Buenos Aires; a decir verdad, no sólo cuando habla. Según él es porque no le interesa la política, lo cual me lleva a pensar que en esta ciudad la política es un ruido hueco. En todo caso creo que por eso busco su compañía siempre que estoy en la ciudad, porque lo que a él le gusta es la música. Su gusto por la armonía del sonido lo mantiene joven de espíritu pienso cada vez que nos vemos, aunque esto no se lo digo, no sea que le revele el posible secreto de su alegría y entonces ya no me la pueda contagiar.

Ayer en la madrugada bajé a la calle a pasear al perro y a tomar un poco de aire. Al girar en la esquina me quedé un rato mirando cómo trabajaban unos tipos que entraban y salían desde una de esas alcantarillas de aguas sanitarias que hay en las veredas. Trabajaban bajo un silencio cómplice. Por otro lado están lo que actúan, pensaba mientras mi perro se volvía a verme desde la distancia, ellos están antes que las palabras. El aire de la noche era agradable y apenas pasaban autos por la Avenida Congreso. Sólo se escuchaba el susurro nocturno de la ciudad y el discurso de la acción.



5.8.16

04: Contratiempo


04: Algunos contratiempos inesperados me obligaron a cambiar mis planes estos los últimos días. Me tendrás que disculpar por no haberte dicho nada antes; cuando se trabaja en el mar a veces no hay tiempo para cumplir con compromisos literarios. Ya habremos de encontrar el modo de encontrarnos.


2.8.16

03: Testigo

03: O tal vez uno se lanza a viajar para luego poder tener historias que contarse, o contar, y así imaginarse que en la vida le ha sucedido algo. No sé, se me ocurre. Aunque no todo viaje es movimiento. También puede uno quedarse quieto y hacer viajes imaginarios y luego contarse esas historias mentales, también para consolarse de que le ha sucedido algo en su vida.
En mi caso hubo un tiempo en que fui un viajero. En el fondo se trata de estar disponible digo yo. Al menos lo estaba cuando era un aventurero. Moverme era mi actividad principal aunque no era consciente de eso, no como ahora. Entonces podía levantarme en mitad de la noche y salir a andar, o en la tardecita y ya no volver hasta el día siguiente. Me podía subir a un tren o a un colectivo de línea urbana y andar hasta que decidiera bajarme, usualmente eligiendo mis paradas, o pueblos, según el sonido que hacían sus nombres en mi oído interno. Podía bajarme y andar por las calles desconocidas, pasar la noche en un hostal, cenar entre extraños (mochileros, comerciantes, extranjeros, viajeros, quién sabe, asesinos), caminar por lugares muchas veces vacíos. Era un viajero anónimo, una especie de soplido de otro lugar que observaba e imaginaba. Ésa era para mi la aventura, la cual casi siempre tenía forma de viaje.
Pero para esta aventura que nos incumbe hasta el día 15 necesito un testigo, un confidente tan crédulo como vos (que en realidad soy yo), tan familiar, alguien, en fin, que me escuche con atención y desde lejos.




1.8.16

02: Los viajeros


02: Si queremos avanzar será necesario entender cómo vamos a construir este blog, al menos hasta el 15 de este mes como dije ayer. De hecho he estado pensando en este tema desde que publicamos
la primera entrada ayer, sentado en el vagón de aquel tren. La conclusión a la que he llegado es que esto no será un diario que narre los hechos del día; nada me resulta más aburrido que escribir lo que ya sé. Tampoco va a ser un cuaderno digital como dije ayer. Que por cierto no sé qué quise decir con eso de cuaderno digital, pero te pido que me tengas paciencia si algo es confuso, recién estoy encendiendo la maquinaria. Como te decía, ya sé cómo vamos a llenar este blog. Lo haremos con mensajes que te iré enviando sobre el mundo de los viajeros. Serán historias sobre esa gente que se lanza al movimiento, de todas las clases y tipos que vaya encontrando por ahí, o que se me ocurran, que en definitiva puede que sea lo mismo.
Es un tema que desde siempre me ha dado curiosidad. La creencia popular dice que todo viajero sale a buscar algo que aún no tiene pero que sospecha lo encontrará en el camino desconocido, en la aventura imprevista. Yo, sin embargo, estoy convencido de que nunca nos sucede nada que no hayamos previsto, nada para lo que no estemos preparados.






31.7.16

01: Movimiento


01: No sé, siento como si este cuaderno digital aún no hubiera ni empezado a rodar. ¿Crees que cuando llegue a un cierto número de entradas -112 por ejemplo-, o a una fecha en particular -el 27 de algún mes se me ocurre-, habrá ya nacido? Últimamente todo es una extraña asociación entre números y un lugar al que llegar; digo extraña porque me entretiene.
Esta mañana salí de casa con la valija bajo el brazo y la certeza de que llegaría a Panamá al final del día, mi primer destino en este viaje que comenzó desde Barcelona. Pero un retraso en la conexión y una serie de algoritmos que usan las compañías para calcular cuántos asientos vender de más en un vuelo, me dejaron en Amsterdam hasta mañana.
(Escribo desde un tren casi vacío, sentado en un asiento de gamuza naranja, avanzando hacia la estación central).
Aprovechemos y hagamos algo, ¿no crees? Mejor empecemos mañana que es 1ero de mes. Y ya que estamos sigamos hasta el 15, que lo divide por la mitad.
En estos asuntos del movimiento yo confirmo una y otra vez eso de que caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos.







15.7.16

Sus ojos apagados

De sus ojos apagados brotaba un chorro caliente cuando los abrió, aún aturdido por el sueño. Afuera era noche y en las pupilas de los gatos aún estaba la luz opaca de las farolas. Pero a él, el privilegio de captar los acentos del tiempo a través de los cambios de luz y el deterioro de las cosas, le había sido negado desde siempre. Conocía la oscuridad desde antes de nacer, por lo que no sabía lo que era realmente la oscuridad.

Sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia, pero no pudo sentir auténtica melancolía -cuyo sabor es tranquilo-, el sudor y el vaho trémulo que salía de su boca negaban cualquier rastro de serenidad. Permaneció inmóvil un instante, apenas un tramo de instante, queriendo entender su ubicación a través del recuerdo y la intuición, que al final son las únicas herramientas con las que cuenta desde siempre para atrapar la realidad. Su vientre adolescente, blancuzco y terso, se contraía y se ablandaba. Más abajo, esparcida por la tela del calzoncillo, yacía aún tibia la evidencia de que ese pánico había sido -no hacía mucho- un terrible placer.

Se alzó ayudándose de ambos brazos y una vez firme, giró el cuerpo hasta dejar ambas piernas colgando por el lateral izquierdo de la cama. Luego, lentamente, consciente de que allí se escondía una premonición, fue trayendo ambas manos hasta apoyarlas sobre el sexo, aún tieso. Al sentir la tela húmeda y el calor de sus manos entrando en su cuerpo, por detrás de sus ojos apagados apareció el ruido seco de las bolas de billar, la figura negra y esbelta, la luz revelando la piel, los ojos encendidos de Delfina helándose. Apartó de inmediato las manos, asustado, como si esa parte de su cuerpo guardara conexión con la porción más terrible del sueño. Afuera, en la calle, los gatos se lamian el pelaje unos a otros.

Estiró el brazo derecho y comenzó a tantear la mesa que había junto a la cama, siguiendo el mismo movimiento inquieto con el que examina las aceras de la ciudad con su bastón. Pasaron por la yema de sus dedos un billete de metro y un manojo de monedas desparramadas. Finalmente encontró el móvil. Entendió entonces que eran las tres de la mañana, que todo había sido un sueño, y que su vida, por suerte, continuaba siendo una sombra conocida.

Se dejó caer hacia atrás y permaneció así un par de segundos. Luego alzó las piernas hasta quedar en cuclillas y de un solo movimiento, se quitó el calzoncillo con ambas manos. Cuidadosamente lo dejó caer en el pequeño espacio que  había entre la cama y la mesa (más tarde lo recogería de aquel recoveco) y volvió a abrigarse bajo las sábanas, cubriéndose todo el cuerpo y quedando en una posición con las rodillas tocando sus codos. En el medio de ese nudo de piernas y brazos lampiños, se asomaba el móvil sostenido por ambas manos. Rec/Play.

I

Estábamos rodeados por cosas que no logro explicar llanamente. Cosas materiales y espirituales: la pesadez de la atmósfera, un sentimiento de sofocación, de ansiedad. Pero sobre todo ese particular estado de existencia que alcanzamos los seres minusválidos cuando los sentidos están agudamente vivos y despiertos, mientras las facultades reposan apagadas. Stop.

II

Apareció muda como el viento. Lo supimos porque las velas que nos rodeaban de repente alzaron esa atmosfera pesada, húmeda, trayendo un respiro al sofoco que se vivía en la orgia. Supe inmediatamente que había llegado por mí. Tal vez fui yo quien la invitó. Me llamó por mi nombre que no era el mío verdadero, pero así me llamaba yo en realidad. Me has conocido en un momento extraño de mi vida, le dije. Luego todo a nuestro alrededor continuó sucediendo mientras ella apoyó sus labios en mi oreja, y tomándome el rostro con todos sus largos dedos, me suplicó que registre la luz con mi boca. Con precisión, agregó. Asentí sin entender, más persuadido por la dulzura de sus dedos que por sus palabras. Luego sus manos comenzaron a bajar y su lengua entró en mi oído. Stop.

III

Creo que estaba enamorado de Delfina. Stop.

IV

No puedo explicar nada sin antes decir cómo es ella. Y no quiero hacerlo.  Nadie lo entendería. Me ha pedido lo imposible. Si digo que su cabello era rojo, ¿cómo me creerán? , ¿Cómo podrán saber cómo es el rojo?,  si no han visto como he visto yo. No, no sería la mujer de cabello rojo que se imaginan. Lo mismo con su nombre, si les digo que era Delfina, imaginarán cómo es el nombre Delfina y sin embargo no será ella. Stop.

V

Mi padre dijo no hace mucho que la mejor historia del mundo es la más fácil de contar. Conoce varias. Si es que mi padre tiene razón, mi historia es…pues…. Stop.

VI

Me llevó al Ambos Mundos, un bodegón donde sirven guisos después de medianoche y que olía a pescado crudo. A escamas pegadas en la ropa. Supongo que un puerto no se hallaría lejos. Me senté en un taburete junto a la barra. Podía escuchar a mi derecha, no muy lejos, los tacos golpeando las bolas de billar. Delfina volvió a poner sus labios en mi oreja y me contó que había una mujer alta, negra y esbelta, que se levantaba cada tanto y ponía monedas en la victrola sin mirar las teclas, las presionaba de memoria. En sus ojos se reflejaban las luces de neón amarilla. ¿Sabes cómo es una luz de neón amarilla reflejándose en las pupilas de una mujer que quiere bailar? Me preguntó. No, no sé. Y entonces sus labios por fin llegaron hasta los míos y su lengua era tibia, y su sabor era una ansiedad dulce. Stop

VII

….Stop.

VIII

Me besó mientras los tacos golpeaban las bolas. Continuó besándome hasta que dejé de oír la canción que ponía una y otra vez la mujer de los ojos de neón. De repente estábamos desnudos. Aunque yo sentía que sus ojos estaban fijos en los míos, me obligaba a no percibir su  expresión. Y mientras ella contemplaba fijamente las profundidades de mis ojos apagados, su lengua adentro mío cantaba las canciones de la creación. Mi cuerpo comenzó a quemarse por dentro. Cuando ya no pude más, cuando por fin solté la vida, la vi claramente a Delfina absorbiendo mi sombra. Y de mis ojos comenzó a brotar un chorro caliente. Stop.


                                                                              Dibujo: Aitor Garbizu


Cuento publicado en esQuisses: http://www.esquisses.net/2016/07/sus-ojos-apagados/