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22.6.16

La decisión de Paty - en 100 palabras

Realmente la había cagado, a veces no puedo evitar decir lo que pienso. Luego duermo y al despertar me siento un estúpido irremediable. El caso es que desperté y salí corriendo hacia su casa. Encontré la puerta sin llave y al entrar escuché mi nombre. Decía algo como así es Santiago Salgado, un pavorreal presumido y tonto, y sus poemas, su agotadora danza de amor hacia mí. Pero ya no lo amo, anoche murió para mí (así lo dijo). Se puede conquistar una muchacha con un poema, pero no retenerla con un poema. Vaya, ni siquiera con un movimiento poético.

20.6.16

Muertes ejemplares -- tres historias de cien palabras

Parte I – El antihéroe

El patrullero que lo llevaba al juzgado olía a sudor y tierra. Los amigos quedaban en el campamento, desconcertados, arrancados del whisky con soda y el repetido “último cigarrillo”.
La sentencia fue urgente y al alba, en medio del dolor físico, todo perdió sentido. ¿Por qué había decidido vivir sin recurrir a sus poderes sobrenaturales? Desde siempre el mundo había perdido la poesía, se consoló. (No pudo convencerse de que alguien siguiera invisible junto a él). Más tarde uno de los bandidos le recriminó «Si eres el Hijo de Dios, ¿por qué no te salvas y nos salvas a nosotros?»
 
Parte II – La conciencia universal

Aturdido por el tráfico, cegado por el sol, avanzaba por la avenida. Cuando finalmente entró al edificio, le temblaban las piernas y sintió frio. El policía que estaba sentado en una sala que olía a tinta lo miró con ojos tan oscuros como piadosos. Luego, mientras estudiaba las manos y la boca del visitante, le escuchó.
-Me llamo Dios –dijo el hombre-. Vivo en la Zona 5. He vivido allí toda mi vida.
Luego se humedeció los labios con la lengua y la mesa tembló un instante.
-He venido a entregarme –murmuró con voz ronca-. He asesinado a mi hijo.
 
Parte III – El comienzo

Todo cuanto sucede – hablaba solo en el calabozo -, sea un paso o un pensamiento, afecta el mundo material que nos rodea.
(Convendremos que la emoción más intensa y violenta es la que empuja a dar ese paso tan extremo que es matarse o matar.)
La sangre se paga con sangre: la orden de ejecución, gruesas gotas de sudor perlando la frente, los rezos insensatos, incoherentes, las palabras tropezándose, el largo pasillo, el respaldo helado, el ruido de la vida desvaneciéndose, el relámpago.
Un oficial con espeso bigote amarillento de nicotina, tocó el cuerpo y homologó: Dios ha muerto.

 

15.6.16

Plantilla para historia de 100 palabras.



Uno  dos tres cuatro. Cinco seis siete ocho nueve diez once, doce trece catorce, quince dieciséis  diecisiete dieciocho diecinueve veinte veintiuno veintidós veintitrés veinticuatro veinticinco.
¡Veintiséis veintisiete veintiocho veintinueve treinta treintaiuno treinta y dos! -  Treinta y tres treinta y cuatro treinta y cinco treinta y seis treinta y siete; treinta y ocho treinta y nueve cuarenta cuarenta y uno cuarenta y dos cuarenta y tres cuarenta y cuatro.
Cuarenta y cinco cuarenta y seis cuarenta y siete cuarenta y ocho cuarenta y nueve cincuenta cincuenta y uno cincuenta y dos cincuenta y tres (cincuenta y cuatro cincuenta y cinco cincuenta y seis cincuenta y siete). Cincuenta y ocho cincuenta y nueve, sesenta, sesenta y uno, sesenta y dos sesenta y tres. Sesenta y cuatro sesenta y cinco sesenta y seis.
Sesenta y siete, ¿Sesenta y ocho sesenta y nueve setenta? ¿Setenta y uno  setenta y dos setenta y tres setenta y cuatro? - Setenta y cinco setenta y seis setenta y siete setenta y ocho setenta y nueve.
- ¡Ochenta ochenta y uno ochenta y dos ochenta y tres!  Ochenta y cuatro ochenta y cinco ochenta y seis ochenta y siete ochenta y ocho ochenta y nueve noventa noventa y uno noventa y dos noventa y tres noventa y cuatro noventa y cinco noventa y seis. Noventa y siete noventa y ocho. Noventa y nueve…Cien.


 
 
 
 

 


25.6.15

Hay una historia.


Hay una historia que me digo que debo contar, aunque en verdad no sé cómo hacerlo. No, en realidad no sé si deba hacerlo. Por la noche me acuesto y pienso en esta historia, cómo contarla, qué palabras usar; imagino el rostro de quien la escuchase. Me digo que no me corresponde hacer la revolución, sino ocuparme de contar cómo se siente, a qué huele, a qué sabe esta historia. Luego me duermo y aparece ese hombre fumando, esa mujer esperando, ese ascensor averiado. Me despierto y siento que sé cómo contar la historia, luego dudo si realmente deba hacerlo.

23.5.15

Maté la melena

Maté la melena un martes al mediodía. Me llenó de melancolía mirar la mata -que hace minutos era mía- yacer muerta sobre el mármol. Más de mil días mirándola crecer. ¡Mierda, mierda, mierda! Maldije mi repentina madurez, mi mediocre afán por molar. Me vino a la mente Marta, mi mujer, su madre la militar, me vinieron muchos más a la mente. Pagué las monedas al maldito que me masacró y salí mudo de esa monstruosa barbería. Me fui marchando con la mirada implorando un milagro, y sin mencionar la más mínima palabra, me dije mentalmente: menos mal que todos moriremos.

30.8.13

El estanque

Mi vida. Cuando pienso estas palabras veo frente a mí una explosión de luz, continua como lava de volcán. Por la distancia que nos separa sospecho que es apenas unas horas más joven que yo. Y si bien me alejo –inevitablemente- cada día un poco más, su  brillo permanece inmutable; tal vez me esté acercando al alejarme. Por la noche, cuando me desvelo y acabo asomado al balcón de una casa, alcanzo a verle algunas  formas: la luz, en realidad, es un estanque; los rayos estallando alrededor, en realidad, son cometas. Los cometas visten rostros, el estanque es un niño. 

27.1.13

N y J

Las agujas del reloj se mueven azarosamente. Frente a N está el espejo del baño, reflejando a  J detrás suyo mientras sostiene una tijera. J le corta el primer mechón y N lo siente inmediatamente rozándole el hombro. J se percata de cómo va perdiendo la vista con los años. N ve crecerle una barba canosa. Por el espejo, igualmente, se reflejan los muebles del salón mutando hacia un pardo opaco. Ambos se lavan las manos con un jabón que abrieron antes de desnudarse. El mechón de pelo finalmente roza los pies de J antes de desarmarse en el suelo.

10.12.12

Cite Soleil

Te llevaré pero deberás confiar en mí y cubrirte los ojos.
- No recuerdo pedirte que me lleves a ningún lado.
- Ja!- contestó atándome el lazo.
Viajé en coche, luego voces incomprensibles por megáfonos, nuevamente el coche, acelerando valientemente, sirenas, inmediatamente aire desde el techo. Me alcé y el viento voló mi venda para ver un avión por encima y una mano desde las ruedas del gigante; sin dudar la tomé. El avión ascendió levantándome.
Al cerrarse quedó una abertura por donde distinguí el mar.
Pronto estaremos volando sobre Haití, me informó.
Mi sonrisa era mayor que la sorpresa.

7.12.12

El Caribe


En pocos segundos el cielo se oscureció y el viento se avivó con tal furia que los granos de arena revoloteando pinchaban como agujas.

¡Sal del agua ahora mismo! grité a mi hija mientras el huracán apareció envolviéndola en su hélice. Sentí la premonición del final y corrí hacia su ojo. A él ataqué con el sólo objetivo de encontrarla entre su maraña. De a ratos creía verla mientras volaba entre latas, tanzas y maderas. Finalmente caí y el cielo se despejó. Caminando entre escombros escuché su voz.

- Yudelka, ¿eres tú? ¿Sal de ahí!

- Estoy desnuda, me da vergüenza-, respondió.

 

5.12.12

Todo a cien

Resaca y luz

Por la ventana, recostado desde el sofá, techos mojados y un cielo de escamas grises. Es mediodía pero bien podría ser madrugada. La resaca me tiene desolado; y encima ni rastros de ella. Sobre la mesa ratona, un libro, un lápiz, agua y una taza de té. Ninguno me motiva a darle acción. El televisor, mudo, muestra un político hablando. Inesperadamente, avanza un rayo de sol y soy testigo de como todos los objetos lentamente generan sombra. Una luz naranja se instala en mi salón. La noto en el rostro. Giro y reparo en los ojos de la periodista. Almendra.

La alegría del día
La conferencia sobre crisis alimentarias terminó y los participantes apagan computadoras, intercambian tarjetas y recogen abrigos. En pocos minutos la sala se vacía. Cuando entro para recoger basura y aspirar la alfombra advierto un participante en el fondo. Me acerco y corroboro lo que supuse, está profundamente dormido y  ahogándose en ronquidos. Su cinturón se oculta bajo una barriga perfectamente redonda sobre la cual se apoyan sus brazos cruzados. En el cuaderno frente a él,  círculos y garabatos. Espero quince minutos en silencio y me retiro apagando la luz. Yendo a casa en bus, sonrío imaginando su cara al despertar.

Borrachera cara
Regresaba borracho como nunca antes. El motivo exigía, terminaba el colegio a los 32 años. Cerca del parque tropecé y caí sobre la nieve. Sin fuerzas para levantarme, preferí dormir mientras la nevada me iba cubriendo. Supongo que mi corazón latió al mínimo vital y el alcohol se encargó de conservarme. Dormí 4 meses bajo nieve y en Abril desperté con hambre. Lo primero que hice fue preguntar por mi diploma. Confundidos de verme regresar, dijeron que mi certificado de defunción lo había anulado y debía rendir un examen final, el cual hoy, con 45 años, todavía no logré aprobar.