14 jun. 2011

Los puntos sobre las ies

 
Un vaso de agua derramado sobre la arena. Dos pájaros jugando con corrientes de aire sobre un cielo gris. Los ojos que ven pasar el día por la ventana de una oficina. Los labios que se suspenden cuando desgastan tu vientre cálido. La lluvia de martes por la tarde bautizando la colilla en el andén vacío. Manotazo de ahogado. Un cuadro de San Jorge en el tabique del salón. Un tren detenido en el campo. Una oficina pública y ojerosa. Un reloj pernoctando en el cajón. Un perdón que no olvida. Un resentimiento sin memoria. El llanto caprichoso de un niño. Unos ojos que observan, una boca que se atrofia con el tiempo, un par de oídos como únicos jinetes capaces de soportar el galope del tiempo. Un puente sin pasamanos. Un ayer siempre ayer. Una costumbre incapaz de amanecer dos veces en un mismo lugar. Un moretón. Un rinoceronte. Un parque de madrugada. Un anillo en la tubería. Un inquilino moroso que despierta compasión. Un eterno insatisfecho. Un verano de uñas largas empuñadas a un calendario que lo empuja hacia el recuerdo. Una mosca zumbando en la cabeza. Una cerradura filtrando campos de luz en la montaña. La memoria. Los espejos sucios. Los períodos de ausencia. Una mochila olvidada en la estación. Un tumor. Un patín. Una cresta sin cabeza. Dos días, de frente y de reverso. Una noche. Mil insomnios. Una carta ya obsoleta. Una llamada fumando. Un mapa. Una ciudad. Un yo. La costa. El agua. El tiempo masajeándome las piernas.

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