7 dic. 2012

El Caribe


En pocos segundos el cielo se oscureció y el viento se avivó con tal furia que los granos de arena revoloteando pinchaban como agujas.

¡Sal del agua ahora mismo! grité a mi hija mientras el huracán apareció envolviéndola en su hélice. Sentí la premonición del final y corrí hacia su ojo. A él ataqué con el sólo objetivo de encontrarla entre su maraña. De a ratos creía verla mientras volaba entre latas, tanzas y maderas. Finalmente caí y el cielo se despejó. Caminando entre escombros escuché su voz.

- Yudelka, ¿eres tú? ¿Sal de ahí!

- Estoy desnuda, me da vergüenza-, respondió.