17 dic. 2014

El remedio contra el loop

Quisiera escribir la novela eterna, la trama inagotable, el indestructible monólogo interior, poder lograr lo que nunca he logrado: respirar sobre el papel y plasmar mi aliento como la justa evidencia de esta vida intermitente. Claro que de algún modo eso es lo que intento con mi literatura: retratar una existencia descomunal. No por los eventos que la mueven desde afuera, los cuales son para nada descomunal, sino por su empeño interior en permanecer desatada y en continuo progreso hacia la incontinencia. A veces pienso, mirando las evidencias, que mi literatura está destinada a ser un muelle espacial, flotando sin más raíz ni testigos que las palabras que me apure a dejar.

No niego que siempre me estoy contestando la misma pregunta, escribiendo la misma historia a través de múltiples palabras, pero acaso ¿quién no? ¿Acaso no hay hechos suficientes para pensar que la vida avanza hasta un cierto momento (por cierto demasiado pronto) y a partir de ahí todo es un loop, un girar sobre un mismo eje, un transitar senderos circulares hasta olvidarse el trayecto recorrido y tropezar una y otra vez con paisajes que uno intuye ya vistos?, y sin embargo sospechar al mismo tiempo que todo volverá a suceder, sin más esperanza que la aparición de un nuevo circulo regalándonos el engaño de estar dejando atrás lo mismo que acaba de llegar. No lo sé, por eso yo escribo, para identificar los círculos que voy transitando y lo que mora adentro mío mientras todo sucede una y otra vez, pues me resulta imposible advertir las repeticiones del camino mientras vivo con los ojos puestos en el mundo no-escrito.