19 jun. 2015

Escándalo y violencia: deme un clic y sabrá…


…y sabrá que todo era un artificio para que me dé un clic, que aquí no hay nada de eso que venía a buscar.
Discúlpeme si se siente frustrado, si como se dice lo he dejado con las ganas, es cínico decirlo pero realmente poco importa cómo se sienta o lo que haga a partir de ahora, pues ya me ha dado su clic, y con eso ya ha dejado su marca en algún remoto algoritmo que engorda estadísticas digitales; no las que miden su frustración (esas sólo generan ganancias para su psicólogo o barman amigo) sino las que estudian su comportamiento en la web. Debo advertirle que sus clics -vehementes y fugaces- tienen más poder del que usted piensa, créame si le digo que tienen tanto poder que están delineando nuestra cultura. Así de contundente parece estar el panorama hoy en día. Le resulte extraño o no, usted tiene atada a nuestra cultura de ese mouse que reposa inquieto bajo su mano derecha.
No es noticia que las redes sociales han cambiado el mundo de la información: hoy en día  todos estamos conectados y todos tenemos voz. La cantidad de energía que esto deposita en la forma en que consumimos información no debe ser subestimada. Pero tranquilo, no he venido a escribir otro artículo anti-redes sociales o sobre lo sano que se vivía antes de que inunden nuestras vidas, sino más bien he venido a hablarle de belleza - sí, belleza.  
En La decadencia de la mentira, de Oscar Wilde, los personajes Vivian y Cyril discuten sobre si el arte imita a la vida, o la vida imita al arte. Según plantea Vivian –el más lúcido de los dos-, no es menos cierto que la Vida imita al Arte mucho más que el Arte imita a la Vida, dice y continúa: “todos hemos visto estos últimos tiempos en Inglaterra cómo cierto tipo de belleza original y fascinante, inventado y acentuado por dos pintores imaginativos, ha influido de tal modo sobre la vida que la gente se comporta y luce como verdaderas obras de arte.  Y siempre ha sido así. Un gran artista inventa un tipo de arte que la Vida intenta copiar y reproducir bajo una forma popular;  los verdaderos discípulos de un gran artista pues, no son sus imitadores de estudio, sino los que van haciéndose semejantes a sus obras.”
Me gustaría usar la máxima de Vivian sobre cómo la vida acaba imitando al arte, y tomarme el atrevimiento de cambiar la palabra arte por internet ya que hoy en día ésta tiene tanta presencia en nuestras vidas como el arte la tenía en la de los ingleses del siglo 19, y preguntar si la forma y sustancia que parece estar definiendo a internet actualmente, es un modelo de vida a imitar. Si, como diría un Vivian del 2015, la vida, gracias a internet, adquiere no tan sólo la espiritualidad, hondura de pensamiento y de sentimiento, la turbación o la paz del alma, sino que también la dota de belleza.
Muy probablemente todos estemos en contra de la información basura o distractora, y seguramente también muchos piensen que actualmente hay graves problemas de civismo tanto en la calle como en la web, pero también supongo que la gran mayoría está haciendo clic en la misma noticia morbosa o el mismo insulto, difundiendo como consecuencia un ruido que alimenta los impulsos más bajos de nuestra sociedad. En este escenario, lo más obvio parecería culpar a los medios por la mediocridad de la información, pero hay que pensar que si la basura se vende es precisamente porque la estamos comprando. En un panorama mediático cada vez más ruidoso, el incentivo es hacer más ruido para ser oído, y esa tiranía de lo escandaloso alienta la tiranía de lo desagradable.
El dilema es si uno está dispuesto a hacer un sacrificio personal para cambiarlo. No me refiero a renunciar a Internet, me refiero a cambiar la forma de hacer clic, porque hacer clic es, en definitiva, dar poder. Hoy en día, nosotros decidimos lo que llama la atención en base a lo que le damos atención. Usted puede pensar que las opiniones o noticias que publica en su muro de Facebook, o a través de su cuenta personal de Twitter son actos privados porque solo lo leen sus amigos. Error. Todo lo que buscamos en Google, todo lo que tuiteamos, y a todo a lo que hacemos clic, es un voto que estamos dando a favor de algo.
Para empezar, hay dos cosas que todos podemos hacer, o más bien una que podemos hacer y una que deberíamos dejar de hacer. Primero, no quedarse callado cuando vemos a alguien agrediendo a otro en la web. Pienso que debemos participar contrarrestando lo negativo con lo positivo, el insulto con la reflexión, lo dogmático con el humor. Y en segundo lugar, debemos dejar de hacer clic sobre aquello que nos lleva a la información basura y engorda las estadísticas de lo más visto. Debemos dejar de morder el anzuelo. Recuerde que los clics tienen consecuencias tanto para usted como para el resto de nosotros. Cada vez que haga clic en un titular salaz, no sólo está consumiendo información que no necesita (¿cuánto más realmente necesita leer acerca del culo de Jennifer López?), también está asegurando que ese medio continuará impulsando ese tipo de información. Cada búsqueda que usted hace en Google es analizada por los editores de noticias que buscan ver qué temas son "una tendencia" y así elegir cuáles historias publicar en sus sitios web.
Si no nos gustan los políticos que se insultan mientras los problemas sociales persisten, dejemos de hacer clic en las historias morbosas sobre políticos - o en los insultos entre sus seguidores por las redes sociales. Hacer clic en este tipo de historias sólo lleva a que la basura crezca y cubra nuestra cultura. Nuestros hábitos tienen un inmenso poder, y eso lo saben los medios de comunicación. Si, como decía Vivian, los verdaderos discípulos del arte no son sus imitadores de estudio, sino los ciudadanos que van tornándose semejantes a sus obras, le propongo asemejarnos a aquello que nos enriquece y no a lo que nos embrutece. Si el trato aquí parece ser que gana el que obtiene el mayor número de clics, entonces tenemos que hacerlos valer usándolos para dar forma a la cultura que queremos.
 
Ensayo publicado en la revista esQuisses, 25 de mayo 2015, Guatemala

http://www.esquisses.net/2015/05/escandalo-y-violencia-deme-un-clic-y-sabra/

No hay comentarios:

Publicar un comentario